domingo

E


Hay algo que la pone a dar vueltas por ahí

en un paisaje aterrador por desconocido.

Pasillos desolados, seres solitarios y sobrepoblados deambulando por todos lados,
acordes oscuros, rostros desdibujados y sin dientes.

Hay algo que la hace reír porque quiere

y la hace sufrir porque puede.

Tal vez sea el grito del deseo

que ya no tolera ser acallado.

Ríe y llora con la misma discordancia con la que intenta destruirme

y bruscamente también me quiere.

Quiere morir,

porque no puede sentir.

Nada de nada, repite con sus ojos redondos

extraviados en las baldosas sucias ,

con restos de desayuno pegados al rededor de la boca.

Tristeza personificada. Astenia existencial.

El sol le pega en la cara. Yo veo sufrimiento borbotando de un cristal.

Su padre no es su padre,

su padre es su hermano

y su hermano es su hermano.

Su madre es y no es y a veces soy yo.

Se irrita porque tiene la certeza de que puedo acceder a sus

pensamientos más profundos.

Se siente sometida a la voluntad de unos cuantos otros extraños que arrebatan su lengua,produciendo un habla que le es ajena.
Era yo, eran ellos, eran todos, menos ella.

Un peruano, un padre autoritario, el fantasma de un hermano, un hermano padre, una hermana o dos, una madre abandónica, una conejita rosa, "Diosito" y yo, con una multitud, tratando de entablar conversación,
sentados en una cama de hospital.


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