sábado

N


El otro día rezongué a una niña

en el oVnibus.

En un acto de impulsividad gerontológica

le expliqué brevemente la teoría de las dos burbujas y del espacio personal.

Evidente y lamentable señal de que estoy vieja.

Ahora no me queda otra cosa que pasiva aceptación

cuando los niños se refieran

a mi joven anatomía como "señora" para pedirme una moneda para el Judas.


V

Todas las mañanas transita por ahí, en pijamas,

con la cabeza escondida entre los hombros y una sonrisa conmovedora,

repitiendo como un disco rayado

"Buen día! Cómo andan?. Adiós"

Es como si fueran las únicas palabras que recuerda

o las que todavía no ha podido olvidar.

Un día en el "país de fantasía" para algunos,

un desexistente existente para otros.


R

Desde las entrañas de lo que

alguien clasificó como locura,

emergen enunciados que expresan

verdades que se constituyen en mis únicas

y momentáneas certezas.

Desde el interior angustioso de la encarnación de una supuesta racionalidad,

certificada con título universitario,

la decadencia aniñada se expresa en

un auto-beneplácito para llorar.

La (ir)racionalidad debería abandonar

el escritorio y coquetear más con la locura.

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